Sin quererlo, sin buscarlo, sin pretenderlo.
Llegaste como regalo del cielo.
Tu insistencia, y mi miedo.
Mi nerviosismo, y el tuyo.
Todo lo apartamos por unos momentos.
Nuestras miradas que se cruzaron
junto a ese ligero beso.
Ese beso furtivo que hizo encender
nuestros cuerpos.
Y aun así… las palabras fluyeron.
Con tu mirada, y tu tranquilidad forzada…
Me diste la tranquilidad que necesitaba.
Me sentí segura entre tus brazos.
Y con los ojos cerrados,
deje que exploraras mi cuerpo.
Y me perdí en el tuyo a la vez que lo hice mió.
Al deseo lo dejamos fluir
como al aire fresco.
Disfrutamos como dos locos sin freno…
Me hiciste aprender de mí,
y conocer mi yo interno.
Y volvió a renacer lo que yo creía muerto.
Las horas pasaron sin darnos cuenta.
Y enlazados en un solo cuerpo...
nos sorprendió la mañana.
Y aunque el miedo me acompaña.
Ahora se que estas,
Y me podrás ayudar, a olvidar el recuerdo

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